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| Hemos probado la Brunotti Bumblebee 2010. |
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| escrito por pablowing | |
| jueves, 01 de abril de 2010 | |
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Me hallaba en La Isla del Ciervo el treinta de marzo de dos mil diez a eso de las dieciséis horas veintitrés minutos, minuto arriba, minuto abajo, contemplando las dos surfkites que me ha proporcionado Brunotti España para menear por la playa los días con olas, mirándolas, una 5,4 y una 6,0 pensando en qué ganas tenía de probarlas, pero que debía ser cauteloso con ellas y no meterme en el mar menor dado que el chopy brutal podía romperlas. Bueno pensé en conformarme con navegar con mi antigua twin tip del pleistoceno. Y todo ello porque una vez pruebas una surfkite te enamoras de sus reacciones y formas, sobre todo de sus formas en mi caso, que te devuelven la ilusión de haber hecho surf alguna vez en alguna playa paradisíaca, con un cocotero por pareja y el mar como televisor. Es la surfkite la que te da más sensación de hacer algo más ancestral y puro con una cometa que otra cosa.
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Pero claro, en el Mar Menor, que por no tener no tiene ni olas, que no es ni mar, y que por no ser no es nada, una simple laguna salada formada por la retirada del mar debido al levantamiento de la placa tectónica que en estos momentos pisamos por aquí y el hundimiento de aquella que pisan por Galicia, hacer kite mola sí, porque, bueno, el lebeche hay que navegarlo ahí por mondongos peludos, previa pasada por Calblanque por si funcionase, que casi nunca lo hace, pero cuando lo hace…
En fin, que el kite con tabla de surf adaptada a nuestra disciplina te traslada a otro nivel de sensaciones, que no implican directamente que te las traslade la tabla en sí, que “es un cacho plástico”, como diría un amigo mío, sino su forma, sus curvas sensuales acabadas en punta con tres aletas en popa, como Neptuno nos dio a entender desde que éramos pequeños. Con footstraps, sí, pero es que si no se hace harto complicado a grandes velocidades, aunque hay muchos que prefieren el strappless, pero eso, para mi, son palabras mayores.
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Podrás observar que en ningún momento estoy haciendo el típico test de bla bla bla, que si la tabla tiene un shape bla o un rocker que no se qué, ya que yo, como sabéis los que me conocéis, no tengo ni puta idea de fabricaciones, oiga. Podría ponerlo sí, sólo con coger los datos oficiales e insertarlos aquí mismo, donde he puesto “aquí” y quedo como Eolo o Zeus, por lo menos. Pero no, yo no te voy a hablar de eso ni hoy ni mañana, ni nunca. Paso. Para eso tenemos a nuestos pseudopros foreros que saben un huevo y parte del otro, ya que yo, en mi corta existencia kitera, nunca he oido hablar a los pros de verdad, a los que se ganan el dinero navegando, hablando de medidas y shapeos varios. Ya te digo, para eso tenemos a los fororidersmegaquetecagasoseasuperpro y a ellos me remito en lo pertinente a los sólos efectos de dar datos técnicos. Yo te voy a hablar de sensaciones, de cómo me siento en la tabla o con la cometa de turno, en este caso de la fabulosa Bumbleebee que me dejó Patri una vez me hube aburrido de subir y bajar con la twin al ZM101.
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Bueno te establa trasladando a otro mundo, al que sueñas sólo con mirar las dos surfkites que hoy me he traido en la furgo. Y me estaban trasladando en un sueño paradisiaco a esa isla que tienes como favorita en el Caribe o el Pacífico, con ese gran cocotero detrás, en la selva que llega hasta la mismísima arena finísima de conchas pulverizadas por la acción del mar, ese solitario cangrejo paseando por la orilla tratando de no mojarse cada vez que la ola se desliza tímidamente por ella, la luna llena diurna difusa por la luz del sol al otro lado, pero en su mismo recorrido estelar por el Sur; ese barco de vela de una parejita que está dando la vuelta al mundo fondeado justo en frente, más allá del reef que puedes ver a un par de millas porque las olas rompen allí, dejando hasta la playa el agua plato color turquesa y en el que se refleja tu cara sonriente, morena y tus dientes más blancos que el anuncio de profident. A eso me refiero. Cuando cojo una twin tip no me traslada a ningún sitio. No me hace soñar en esa playa. Navego y punto. Pacá, pallá, pacá, pallá, una y otra vez como un jodido autómata sin sentimientos sin capacidad de soñar. Los jovencillos se tiran algún que otro truco influenciados por la moda del Freestyle –yo personalmente me hubiera decantado por el motocross de Freestyle, pero bueno-, pero para mí eso no es surf; no es esencia, no es el Ser. Es el estar, el estar navegando y punto, el hacer lo que mandan las caprichosas modas. Pero.
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Sí, pero para eso ha creado Brunotti la Bumblebee, término que proviene de los Transformers, una tralla mental a priori, pero no quizás… recordemos que Bee, el apodo de Bumblebee, ese transformer que se esforzaba constantemente para probar que estaba a la altura de los otros, con tamaño relativamente pequeño, que le permite ir donde otros “Autobots” más grandes no pueden hacerlo, con una gran economía y adaptable a los ambientes submarinos... siendo su tamaño el que le da la ventaja para huir cuanto antes y que se transforma en un coche. El término nos va colocando en posición solo con extrapolar los datos, cosa que no voy a hacer y dejo a vuestra imaginación. Así que el término evidentemente no se lo han puesto por casualidad.
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Es como una tabla de surfkite pero sin el poco volumen que suelen tener; con la forma que sí te lleva a la isla paradisíaca de la que te hablaba, para mí ya suficiente para hacerme soñar, y con dos dientecillos de bebé en la proa, dos pequeñas quillas, que te agarran la proa al agua y que te permiten ir “patrás” sin virar, es decir, como una twin. Una tabla muy interesante no sólo para hacerme soñar a mí, que no creo que haya sido el motivo de su fabricación, ya que esa posibilidad de navegar también hacia popa, con las tres aletas hacia atrás, clavando las dos pequeñinas quillas en el agua te permitiran recular en un momento dado si ves que la ola es demasiado grande para ti, como “huye” el Transformer ante el peligro para salvarse, o simplemente ponerte en posición de volver a coger otra ola si tememos perder la tabla en un olón tras una trasluchada.
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Pero insisto en mi nivel de sensaciones. Al ser bidireccional y tener poco volumen, es decir como el Transformer, que no llega a ser uno grande, o una surfkite en este caso, se hace ideal para el Mar Menor, ese mar que no me traslada a ninguna isla paradisíaca cuando navego con una vulgar twin tip. A los que nos gusta el comportamiento de la surfkite, que sople de levante para coger olas en el Galúa o en San Wavés de la Olonaca y sentirnos en aquella Isla, esta tabla se torna ideal para no perder el sueño mientras navegamos y no arriesgar nuestras surfkites en el Mar Menor, ni su feeling especial. Joder, que cada vez que cambio de surfkite a twin tengo que reprogramar el cerebro, eso que se tiene dentro de la cabeza, que ésta no está precisamente para sujetar las orejas, sino proteger el cerebro.
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Es ideal para seguir soñando al mirar esa punta redondeada en la proa y dejar flipados a los windsurfistas que te gritan diciendo que así sí se cambian al kitesurfing mientras les adelantas en su corte. Y esa, aunque parezca mentira, es una de las grandes razones por las que muchos windsurfistas no se cambian al kite: por las twin. Yo conozco a muchos, supongo que igual que tú y les encanta el hecho de poder llevar una surfkite. Bien, dirás que la Bumblebee no lo es, pero es que ni ganas. Cada Transformer tiene su función y cometido y la Bee tiene el suyo, estar a caballo entre una surfkite y una twin y ese espacio la hace especial para los que se quieren integrar en el fabuloso mundo del surfkite o para los que ya lo están para no perder el feeling si navegan en otro tipo de condiciones sin tener que recurrir a la aburrida twin tip. Éstas se quedan paulatinamente para los wakestileros, otra especie diferente de kiters de los que nos gusta el surf, el windsurf y las islas paradisíacas, más acordes con las neotendencias freestileras.
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Por tanto, la Bumbleebee, para mí es ideal para la Isla del Ciervo. Además traga el chopy como un niño pequeño un biberón de leche, puedes ir pa´trás, y eso para los que estamos aprendiendo a surfkitear también nos viene estupendo, no sólo para el caso de echarse para atrás en una ola que no te gusta o recolocarte en el Galúa en el pico, sino que si te cansas de intentar trasluchar puedes usarla como una twin un ratillo y descansar mirando lo que más te guste, o toda la tarde si te da la gana. Lo que tú quieras. Trasformándola a tu gusto como si de un transformer se tratara. Eso sí, sin perder ese sueño que su forma de tabla de surf te traslada a tu isla, el cocotero, la arena blanca y las aguas cristalinas.
Créditos: Tabla: Brunotti España Fotos: Miguelo Rider: Pablowing Textos: Pablowing |
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